Diciembre 2016

Mensaje Mensual Diciembre 2016

                                                                 

Después del cierre oficial del Año del Jubileo de la Misericordia continuamos con nuestra reflexión acerca de las características indicadas por el Papa Francisco en su discurso a la Curia Romana en diciembre de 2015. Esta vez se trata de la última letra de la palabra MISERICORDIA, la A que corresponde a las palabras atendibilidad y sobriedad.

Para el Papa “El atendible es quien sabe mantener los compromisos con seriedad y fiabilidad cuando se cumplen, pero sobre todo cuando se encuentra solo; es aquel que irradia a su alrededor una sensación de tranquilidad, porque nunca traiciona la confianza que se ha puesto en él. La sobriedad —la última virtud de esta lista, aunque no por importancia— es la capacidad de renunciar a lo superfluo y resistir a la lógica consumista dominante. La sobriedad es prudencia, sencillez, esencialidad, equilibrio y moderación. La sobriedad es mirar el mundo con los ojos de Dios y con la mirada de los pobres y desde la parte de los pobres. La sobriedad es un estilo de vida que indica el primado del otro comoprincipio jerárquico,y expresala existencia comola atención y servicio a los demás. Quien es sobrio es una persona coherente y esencial en todo, porque sabe reducir, recuperar, reciclar, reparar y vivir con un sentido de la proporción”.

En tal descripción puedo ver a las mujeres de la UMOFC comprometidas con la difusión de la Buena Nueva que trabajan seriamente tanto cuando lo hacen con otros como cuando están solas, porque las mujeres de la UMOFC no están buscando poder, hacer carrera o un puesto especial a cualquier nivel, sino que, como se describe en el Nuevo Testamento, son similares a aquellas "mujeres que han luchado por el Evangelio ... cuyos nombres están escritos en el libro de la vida" (Fil 4,3). Las mujeres de la UMOFC desean tener un estilo de vida que exprese su atención a los necesitados, a los sufrientes, a las víctimas de los abusos, de los conflictos, de la violencia, de la guerra, de la discriminación, en todas partes del mundo.

Como nos dice el Santo Padre en Evangelii Gaudium 171: “Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores. Sólo a partir de esta escucha respetuosa y compasiva se pueden encontrar los caminos de un genuino crecimiento, despertar el deseo del ideal cristiano, las ansias de responder plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida”.

Las mujeres de la UMOFC quieren estar del lado de los pobres y por este motivo los miembros de la UMOFC toman el camino de la sobriedad para fijar su atención y cuidar de aquellos que son víctimas de la globalización de la indiferencia. “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6, 36), esta es la manera de hacer fructificar la gracia recibida durante este Año del Jubileo de la Misericordia para hacer que el mundo sea más justo y mejor.

Otras lecturas

EG 209- 216

Doctrina Social de la Iglesia 130 – 159

Oración de Nuestra Señora
que Desata los Nudos

Santa María, llena de la Presencia de Dios, durante los días de tu vida 
aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre, 
y el Maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones. 
Ya junto a tu Hijo intercediste por nuestras dificultades y, 
con toda sencillez y paciencia, 
nos diste ejemplo de como desenredar la madeja de nuestras vidas.

Y al quedarte para siempre como Madre Nuestra, pones en orden 
y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, 
Tú que con corazón materno desatas los nudos 
que entorpecen nuestra vida, 
te pedimos que recibas en tus manos 
a... (diga su nombre completo) 
y que me libres de las ataduras 
y confusiones con que hostiga el que es nuestro enemigo. 
Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo, 
líbranos de todo mal, Señora Nuestra, 
y desata los nudos que impiden nos unamos 
a Dios, para que, libres de toda confusión y error, 
lo hallemos en todas las cosas, 
tengamos en El puestos nuestros corazones 
y podamos servirle siempre en nuestros hermanos. Amén.