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Arte y Meditación - Noviembre 2017

Lorenzetti

Pietro Lorenzetti (Siena, hacia 1280/85 – 1348), La última cena, 1310-20, fresco, Asís, Basílica inferior de San Francisco

La escena, construida alrededor de una mesa, se desarrolla dentro de una estupenda logia hexagonal (se parece mucho a la estructura del púlpito de la Catedral de Siena de Nicola Pisano), y se pueden reconocer los elementos de la tradición: la mesa está puesta y se pueden ver el pan y la copa de vino; los doce están alrededor de Jesús - en el centro de la composición, presidiéndola – dispuestos en un arco perfecto, seis en la mitad derecha y seis en la izquierda; Juan apoya la cabeza en el pecho del Maestro, mientras que Judas es el único sin aureola, esto muestra que el Diablo ya ha puesto en su corazón la idea de la traición (cf. Jn 13, 2). Entre los apóstoles parece transmitirse un ligero movimiento, quizás porque están justo preguntándose quién y cómo es posible que uno de ellos traicione a Jesús.

Sin embargo, la verdadera sorpresa de este fresco es la imagen del estrecho cuarto de los servidores, en la parte izquierda del fresco: más o menos una cuarta parte de la superficie del fresco está de hecho ocupada por la cocina, donde la comida se está cociendo sobre una hoguera y dos servidores limpian la vajilla y tiran las sobras; en el fondo destacan detalles del mobiliario (una pala para el carbón y estantes con vajilla) y en el primer plano podemos ver un gato calentándose cerca del fuego y un perro lamiendo las sobras de los platos. Este minucioso detalle, que nos proporciona un atisbo de la realidad, casi parece querer trasladar a lo cotidiano el gran misterio que se está celebrando. De hecho, también otros dos personajes, ajenos a la narración evangélica (¿los dueños de la casa?), están asistiendo a los acontecimientos desde el rincón superior izquierdo de la gran sala donde se encuentran Jesús y los Apóstoles.

Podemos realizar que nosotros también estamos admitidos a este momento solemne y único: cada vez que nos reunimos con la comunidad para celebrar la Eucaristía se renueva el gran misterio de Jesús que se ha donado y sigue donándose, se hace alimento y bebida, sacramento de salvación.