August 2016

Monthly Message August 2016

                                                                          

La solemnidad de la Asunción de la Virgen al Cielo se sitúa en el centro de este mes de agosto.

Una solemnidad que nos recuerda nuestro objetivo final, la tarea de nuestra vida. Durante este año del Jubileo de la Misericordia hemos tenido muchas ocasiones para reflexionar acerca de la misericordia de Dios. Continuamos, como todos los meses, la meditación de las palabras dadas por el Papa Francisco para vivir plenamente la experiencia de la misericordia. Este mes las palabras son honestidad y madurez.

“La honestidad es la rectitud, la coherencia y el actuar con sinceridad absoluta con nosotros mismos y con Dios. La persona honesta no actúa con rectitud solamente bajo la mirada del vigilante o del superior; no tiene miedo de ser sorprendido porque nunca engaña a quien confía en él. El honesto no es prepotente con las personas ni con las cosas que le han sido confiadas para administrarlas, como el «siervo malvado» (Mt 24,48). La honestidad es la base sobre la que se apoyan todas las demás cualidades”.

Además es un estímulo para trabajar en una de nuestras resoluciones: la prevención y la lucha contra la corrupción, dado que esta última “agrava la desigualdad social y retarda el desarrollo socio-económico y la verdadera democracia. Esto socava la confianza entre las personas y las instituciones nacionales e internacionales y promueve la injusticia social, teniendo a los más vulnerables (mujeres, jóvenes y pobres) como víctimas. Crea condiciones favorables para el malestar social”.

En este año del Jubileo de la Misericordia las obras espirituales y corporales de misericordia confirman nuestro compromiso. El Papa Francisco, dirigiéndose a los jóvenes en Cracovia durante la JMJ, dijo: "queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella". Y  “la madurez es el esfuerzo para alcanzar una armonía entre nuestras capacidades físicas, psíquicas y espirituales. Es la meta y el resultado de un proceso de desarrollo que no termina nunca y que no depende de la edad que tengamos”.

Oración de la Asunción:

María, Asunta al cielo, te veneramos como nuestra Reina del Cielo y de la tierra. De igual modo que compartiste el dolor y la tristeza con tu Hijo en la tierra, ahora gozas de la dicha eterna con Él en el cielo. Amadísima Reina, intercede por nosotros en nuestras necesidades. Damos gracias a Jesús por darnos una Madre tan amorosa. Oh Reina elevada al cielo, ruega por nosotros. Amén.

Otras lecturas:

Evangelii  Gaudium 165 -172