El webinar Habitar las redes: conectados compartiendo dones fue magníficamente introducido por Monseñor Lucio Ruiz, quien situó a los participantes en el corazón de la evangelización digital: acompañar en las redes para conducir al encuentro con Cristo en la vida concreta de la Iglesia.
A lo largo del encuentro, tres ponentes compartieron valiosas reflexiones desde perspectivas complementarias —la comunicación, la teología y la experiencia de la evangelización digital—, ofreciendo ricas conclusiones sobre el modo de habitar el entorno digital como espacio de encuentro, comunión y misión.
La primera ponente, Patrizia Morgante, destacó que los seres humanos somos, en nosotros mismos, una red. Las redes en el espacio digital funcionan porque reflejan y amplían nuestras formas de relación: nuestro cuerpo es una red, nuestro cerebro es una red y nosotros somos nodos de esa gran trama de vínculos. Desde esta perspectiva, invitó a preguntarnos qué queremos compartir y qué queremos hacer circular en los espacios digitales. Para ello propuso tres palabras clave: generosidad, confianza y amabilidad. Asimismo, subrayó la importancia del silencio y reflexionó sobre cómo quienes están presentes en las redes pueden contribuir a crear espacios donde este también tenga cabida.
Patrizia compartió además un video de la diócesis de Mérida-Badajoz cuyas conclusiones resultaron especialmente iluminadoras. Destacó que una de las claves de la comunicación digital es lograr que las personas se sientan llamadas por nombre, a partir de su propia realidad, invitándolas a hacer algo tan sencillo como es mirarse unos a otros. Basándose en un reciente estudio, señaló que muchas personas se acercan a las redes impulsadas por la soledad, la búsqueda de sentido o la necesidad de orientar su vida cotidiana. Definió esta realidad como un «grito de relación» que debe invitarnos a volvernos misioneros del encuentro y de la escucha.
La segunda ponente, la hermana Norma Olaeta, nos introdujo en la ciberteologia, entendida como la reflexión sobre la experiencia de Dios y la vivencia de la fe en el ambiente digital. Presentó el ciberespacio como un auténtico lugar de encuentro, que incluye también el encuentro con Dios a través de sus mediaciones humanas. Destacó que la experiencia de fe es posible en las redes porque estas constituyen un ambiente vital y existencial. Su objetivo es custodiar las voces y los rostros humanos, partiendo de la convicción de que Dios acompaña a su pueblo y que nada de lo humano le es indiferente. Por ello, Dios está presente y actúa también en los espacios digitales, convirtiéndolos en lugares teológicos de encuentro y transformación.

Al reflexionar sobre los desafíos actuales, invitó a dejar de ver seguidores para comenzar a ver prójimos, ofreciendo claves de discernimiento y criterios teológicos para orientar la presencia cristiana en el mundo digital. También destacó como importante el papel de los movimientos laicales en la creación de comunidades horizontales y espacios de vulnerabilidad compartida. Finalmente, animó a los distintos grupos humanos a colaborar entre sí, compartiendo contenidos, validando dones y trabajando en proyectos comunitarios que expresen una sola realidad eclesial: un cuerpo diverso capaz de generar nuevos horizontes de esperanza.
La tercera ponente, Verónica Brunkow, participó en calidad de influencer y recordó que, en cada cambio de época, surgen nuevos dones y carismas. Señaló que la Iglesia está llamada a acompañar y discernir estos procesos, evitando dejar solos a quienes desarrollan una misión en el entorno digital. Destacó la importancia de que los evangelizadores digitales se sientan enviados, acompañados y sostenidos por la comunidad, tanto virtual como presencial.
Asimismo, subrayó que los desafíos de la cultura digital requieren formación específica en una realidad que posee también sus propios lenguajes. Como Iglesia, afirmó, debemos reflexionar sobre cómo inculturarnos en este nuevo contexto. Hizo referencia al trabajo del Grupo 3, un proceso de escucha en el que el 63 % de los participantes fueron laicos, e invitó a “samaritanear” en las redes. Compartió cómo una frase pronunciada en el momento oportuno puede marcar una diferencia significativa en la vida de una persona.
Finalmente, animó a integrar a los evangelizadores digitales en los equipos pastorales, evitando su aislamiento, escuchando aquello que el Espíritu suscita en quienes evangelizan en los espacios digitales, colaborando en su formación y reconociendo que esta labor constituye una verdadera vocación eclesial.
María Lamas, Escuela de Sinodalidad de la UMOFC




