El pasado 10 de octubre se concedió el Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado, una mujer venezolana que no se ha intimidado ante las miles de dificultades que ha tenido que enfrentar.
Por el contrario, ha aceptado todos los retos con firmeza y determinación para llevar a su país, con perseverancia y por medios pacíficos, a vivir y transitar caminos de desarrollo, unidad y armonía. Líder de la oposición venezolana, “valiente y comprometida defensora de la paz”, como declaró Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Nobel, y “que mantiene viva la llama de la democracia en medio de la creciente oscuridad”.
Con inmensa humildad y asombro, Maria Corina escuchó su nombramiento para el premio que no se apropió para ella, sino que inmediatamente dijo que era “un inmenso reconocimiento a la lucha de todos los venezolanos y es un impulso para concluir nuestra tarea: conquistar la libertad”. Y agregó que le dedicaba el premio al sufrido pueblo de Venezuela.
Quién es María Corina:
María Corina Machado (56 años) es ingeniera industrial, especializada en finanzas y egresada del programa de líderes en políticas públicas de la Universidad de Yale (EE. UU.). Desde hace más de 23 años ha estado vinculada a la política venezolana, siempre en defensa de la democracia y la transparencia electoral.
En 2002 cofundó la ONG Súmate, dedicada a promover la participación ciudadana y la integridad electoral. En 2010 fue elegida diputada por el estado Miranda, convirtiéndose en la legisladora más votada del país. También participó en las primarias presidenciales de la oposición en 2012 y fundó el movimiento político Vente Venezuela.
Su trayectoria ha estado marcada por la confrontación con el gobierno: fue destituida como diputada tras denunciar violaciones de derechos humanos en la OEA, se le ha prohibido salir del país desde hace ocho años y ha sido acusada de traición y de conspirar sin que se presenten pruebas.
Inhabilitada para postularse en las elecciones presidenciales de 2024, respaldó la candidatura de Edmundo González Urrutia, logrando unir a la oposición y documentar ampliamente su victoria, que el gobierno se negó a reconocer. Tras convocar movilizaciones masivas, tuvo que pasar a la clandestinidad y, en 2025, apareció brevemente en Caracas, siendo detenida por unas horas.
Ha participado de forma remota en eventos internacionales y ha emitido declaraciones críticas hacia medidas del gobierno que considera arbitrarias.
Hasta el día de hoy se ha visto obligada a mantenerse en la clandestinidad pero, a través de sus mensajes, manifiesta su firmeza democrática asegurando la necesidad de la libertad civil, la justicia y la paz para poder llevar a Venezuela a su estabilidad. Ella cree en el respeto a la propiedad privada y al estado de Derecho, a la inclusión de todos para poder generar prosperidad, riqueza y libertad en Venezuela. Es una mujer que tiene un historial de clarividencia, firmeza y valentía. Además, ha sabido unir los venezolanos en la búsqueda de la democracia de una forma consistente y pacífica, siempre ha hablado claro y fuerte en contra de las injusticias y los atropellos, se ha mantenido firme y nunca se ha dado por vencida en su resistencia a la militarización de la sociedad venezolana.
Todos estos son los factores que han llevado a que el comité del Premio Nobel de la Paz la haya considerado como merecedora del Premio.




