Entrevista con Adelina Viteri, miembro del Grupo de Trabajo de Ecología de la UMOFC
Adelina Viteri, originaria de Guatemala y residente en Italia desde hace 43 años junto a su esposo y sus tres hijos, desde 2022 representa a la UMOFC en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra y, más recientemente, en la FAO, Roma. Desde 2023 forma parte del grupo de Ecología de la UMOFC, un ámbito que le apasiona profundamente porque se ocupa del cuidado de la casa común. El grupo, integrado por varias miembros de la UMOFC, decidió desde el inicio sumar esfuerzos para aportar “un granito de arena” a la salud del planeta. Así nació y se lanzó la campaña “WUCWO Planting Hope” (UMOFC Plantando Esperanza), que invita a cada integrante de la UMOFC a sembrar al menos un árbol al año entre 2024 y 2027.
– Adelina, usted ha contribuido a plantar 400 árboles en Guatemala. ¿De dónde surge esta iniciativa?
La iniciativa nace ante la realidad crítica de Guatemala, donde existe un fuerte desequilibrio entre las áreas reforestadas y las deforestadas. Esto hace que la participación de jóvenes y comunidades en la reforestación sea esencial, así como la educación para prevenir incendios forestales y promover prácticas agrícolas más responsables.
El contacto con los proyectos en Guatemala se dio a través de una empresa local que trabaja con viveros forestales. Ellos producen las plantas desde la semilla hasta que están listas para ser sembradas, siempre priorizando especies nativas que se adaptan mejor al clima y al suelo.
Mi participación personal nació gracias a mis tres hijos, quienes decidieron regalarme algo significativo por mi cumpleaños: la plantación de 400 árboles.
– Y, ¿cómo se desarrolla el proyecto?
En Petén, al norte del país, el programa anual de reforestación se centra en especies nativas por su resistencia y adaptación natural. La siembra se realiza durante los meses de lluvia para favorecer el crecimiento inicial.
El proyecto busca no solo plantar árboles, sino también crear viveros comunitarios y fortalecer la conciencia ambiental. La colaboración con las municipalidades y el Instituto Nacional de Bosques es clave. Además, es un proyecto a largo plazo: los árboles necesitan años para desarrollarse, lo que permite a las comunidades acompañar y responsabilizarse de su crecimiento, fomentando la esperanza en las nuevas generaciones.
También, a partir del año próximo, se recrearán áreas destinadas a la fauna local, pues la deforestación extingue animales, especialmente pájaros, y este proyecto ayudará también a recuperar su hábitat. Así estaremos ayudando al planeta, a la comunidad y a la fauna local.

– ¿Qué tipos de árboles se han plantado y cómo nació su participación personal?
Se están plantando cedro, caoba, rosul, palo blanco y conacaste, todas especies nativas y maderables que se adaptan rápidamente y suelen ser más resistentes a plagas.
Mi participación personal nació gracias a mis tres hijos, quienes decidieron regalarme algo significativo por mi cumpleaños: la plantación de 400 árboles. Este gesto no solo me llenó de alegría, sino que también reafirmó que las nuevas generaciones comprenden la urgencia de cuidar la casa común. Aunque vivimos lejos, podemos contribuir a regenerar zonas gravemente afectadas y apoyar a las comunidades locales que acompañan el crecimiento de estos árboles.
– ¿Podría explicar ómo este proyecto en Guatemala involucra a las mujeres?
En Guatemala, las mujeres suelen quedarse en casa para cuidar a los niños y muchas tienen pocas oportunidades educativas. En este proyecto, lo hermoso es que, como la siembra empieza desde la semilla o el vástago, todo el trabajo fino —que requiere gran delicadeza manual— se confía a las mujeres.
Ellas realizan todo ese proceso inicial: pasar la planta recién nacida a una bolsa más grande, cuidarla, protegerla. El trabajo de los hombres empieza cuando las plantas ya están fuertes, para transportarlas y sembrarlas en el terreno. Es un proyecto inclusivo, que apoya a las mujeres, que reciben pago por su trabajo, adquieren habilidades y ganan un rol dentro de la comunidad.

– Usted está muy implicada en la campaña “WUCWO Planting Hope”. ¿Cómo animaría a otras personas a participar?
En Italia este año se vivió una situación dramática: más de 77.000 hectáreas de bosques se quemaron por las altas temperaturas y la sequía, un 60% más que el promedio de los últimos 20 años.
Frente a esta realidad, estoy animando a un grupo de amigas —profesoras, artesanas, abogadas, médicas, farmacéuticas, enfermeras— a sembrar al menos un árbol.
Como estamos en Castel Gandolfo, y tanto el Papa Francisco como el nuevo Papa León insisten en el cuidado de la casa común, este gesto adquiere aún más sentido. Estamos organizando que cada una plante un árbol donde le sea posible. Creemos que el gesto es la clave: pequeñas acciones pueden inspirar a otros.
En Italia la burocracia es compleja, no podemos simplemente sembrar un árbol en un parque sin permisos. Por eso estamos aprovechando los terrenos escolares, desde párvulos hasta universidad. Una clase puede sembrar un árbol y cuidarlo durante toda su etapa escolar. Esto inculca en los niños la belleza de este gesto.
Estamos aprovechando los terrenos escolares, desde párvulos hasta universidad. Una clase puede sembrar un árbol y cuidarlo durante toda su etapa escolar. Esto inculca en los niños la belleza de este gesto.
– Y para finalizar, si pudiera soñar en grande: ¿qué le gustaría que ocurriera gracias a esta iniciativa? ¿Cuál es su sueño?
“WUCWO Planting Hope” es por ahora un sueño con un periodo de cuatro años: inició en 2023 y termina en 2027. Mi sueño es que esta iniciativa se convierta en una costumbre y que cada año más personas se sumen, comprendiendo que lo importante no es solo plantar un árbol, sino cuidarlo, acompañarlo en su crecimiento y garantizar que llegue a ser fuerte, capaz de dar vida y esperanza a las generaciones futuras.

🌿 Donación de árboles con motivo de la fiesta de San Francisco de Asís
Con motivo de la fiesta de San Francisco de Asís, el 4 de octubre, Adelina Viteri, en representación de la donación realizada por algunas mujeres y amigas de la UMOFC, hizo entrega de cinco árboles frutales al Colegio Internacional San Lorenzo da Brindisi, en Roma, donde viven 90 frailes capuchinos.
Este gesto expresó el compromiso compartido con el cuidado de la casa común y la gratitud por el don de la creación, además del firme compromiso de las mujeres de la UMOFC con la promoción de una ecología integral.




