A más de un año de la llegada del Papa León XIV

Jun 19, 2026 | UMOFC

Hace un mes festejamos el primer aniversario de la elección del cardenal norteamericano y peruano, Robert Francis Prevost, como el 267º sucesor de Pedro, que tomaba el nombre de León XIV. El primer pontífice de los Estados Unidos, con alma peruana después de haber vivido más de veintidós años en ese país latinoamericano.  Un agustino, prior general durante dos mandatos, experto en matemáticas, lenguas y derecho canónico; párroco y obispo en poblaciones marginadas del Perú, y cardenal prefecto del Dicasterio para los Obispos.

Aquella fue una elección, sin duda, sorpresiva para muchos, pero que al poco tiempo mostraba como el Espíritu Santo nos había enviado al pastor más indicado para dirigir a la Iglesia en tiempos difíciles, en lo que muchos llaman un “cambio de época” o la “cuarta revolución industrial”. Un Papa que ha puesto en el centro la unidad en Cristo, la cercanía con los pobres y los más vulnerables, la defensa de la dignidad de la persona ante los retos del desarrollo tecnológico y, especialmente, un firme llamado a la paz; a esa paz “desarmada y desarmante” de la que nos habló desde el primer día.

El Papa de la Unidad

El lema del Papa León XIV «In illo uno unum» («En el único Cristo somos uno») fue tomado de una homilía en la que San Agustín explica que, aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos un solo cuerpo. El Santo Padre decidió mantener este lema que ya usaba como obispo, como una invitación a la comunión y a la unidad dentro de la Iglesia y como un signo de esperanza.

La unidad es algo que hay que buscar y construir. «En la unidad de la fe, proclamada desde los inicios de la Iglesia, los cristianos han sido llamados a caminar en armonía, custodiando y transmitiendo el don que han recibido con amor y alegría», afirmaba recientemente el Papa en su mensaje con motivo del 1700º aniversario del Concilio de Nicea.

Dilexi te y la mirada hacia los más vulnerables

La experiencia misionera de Robert Prevost en el Perú, donde su ministerio se desarrolló en contacto directo con “los más pobres y los pueblos olvidados”, ha marcado el estilo de su pontificado, sostenido en la convicción del amor universal de Dios a todos, sin distinciones, y con una opción clara por los más vulnerables. Es, sin duda, un papa misionero atento a los problemas y al sufrimiento de quienes viven en situaciones difíciles.

La elección de su nombre, en referencia directa al papa León XIII, autor de la Rerum novarum, primera encíclica social de la Iglesia católica, muestra su convicción del papel profético de la Iglesia para proclamar y dar testimonio del Evangelio ante las crisis del mundo.

Firma así, el pasado 4 de octubre, su primera exhortación apostólica, Dilexi te (“Te he amado”), sobre el amor divino y humano del corazón de Cristo hacia los más pobres. Esta exhortación, proyecto iniciado, por el Papa Francisco, habla del servicio a los pobres, en cuyo rostro encontramos “el sufrimiento de los inocentes” y en quienes se hace presente “la misma carne de Cristo”. El texto denuncia la economía que mata, la falta de equidad, la violencia contra las mujeres, la malnutrición, la emergencia educativa y las “estructuras de injusticia” que deben ser “destruidas con la fuerza del bien”.

Dilexi te nos invita a renovar la comunidad cristiana para hacerla más cercana, misericordiosa y comprometida con los más vulnerables.

El Papa de la Paz

Como lo hemos reiterado, este ha sido, sin duda, el rasgo más característico del pontificado de León XIV, desde que se asomó a la Plaza de San Pedro aquel 8 de mayo de 2025 con su llamado a “la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante”. Una paz que crea puentes y que se presenta como una fuerza transformadora para la humanidad.

Ante los conflictos de hoy, León XIV ha insistido repetidamente que las guerras no se resuelven con más violencia sino a través del diálogo. Ha pedido incesantemente el cese al fuego en las zonas de conflicto, el desarme, que los líderes privilegien la negociación y que las naciones busquen soluciones que respeten la dignidad de todos. Su trabajo diplomático ha sido muy intenso para “buscar respuestas y soluciones no violentas, más eficaces y mejores para el pueblo.”

Con su voz clara, desarmada y desarmante, pero firme y perseverante, no deja de exigir el fin de la violencia y de las guerras. Ha hecho fuertes reclamos como el “Nunca más la Guerra” de su primer Regina Caeli, hasta la acusación contra los señores de la guerra cuyas manos “están llenas de sangre”, en la misa del Domingo de Ramos. Por la paz, León XIV se reunió con representantes de Hezbollah en el Líbano y recibió a los presidentes de Palestina e Israel. Ha mantenido conversaciones telefónicas y reuniones con varios líderes de las naciones en guerra.

Es en el tema de la guerra en Irán donde el Papa ha hablado con mayor contundencia y valentía, tomando la inusual decisión de nombrar explícitamente a un presidente y denunciando cualquier justificación religiosa o ideológica de los conflictos. En Camerún, León XIV afirmó que el mundo está siendo “asolado por un puñado de tiranos” y arremetió duramente contra la corrupción.

Pero ante todo el Papa nos recuerda que la paz, que viene de Dios que nos ama a todos incondicionalmente, comienza en el corazón de cada persona y que no basta con reclamar paz para el mundo si no se cultiva en la vida cotidiana. Advertidos del peligro de acostumbrarnos a la violencia, nos ha pedido desarmar el corazón, la mente y la vida del odio y la venganza; educar para la fraternidad; promover el perdón y la reconciliación y construir relaciones basadas en el respeto y la solidaridad. Como dijo recientemente, “la paz comienza con cada uno de nosotros, con la forma en que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos a los demás.”

Su mensaje ha sido claro: la paz no es solo ausencia de conflicto, sino fruto de la justicia, la fraternidad y el reconocimiento de la dignidad de toda persona humana.

Un Papa ocupado y preocupado por la custodia de la persona humana ante la Inteligencia Artificial: Magnifica humanitas

Como un experto en el ámbito digital, en su primer consistorio afirmaba: «En nuestros días, la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a una nueva revolución industrial y a los avances en el ámbito de la inteligencia artificial, que plantean nuevos retos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo». Tiempo después publicaría Magnifica humanitas, la primera encíclica de su pontificado sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

La encíclica insta a la humanidad a «desarmar» la inteligencia artificial y las formas en que se desarrollan y utilizan las tecnologías. Este «desarme» no consiste en rechazar la innovación, sino en alejarnos de los sistemas basados en la dominación, el lucro y el control para construir una civilización del amor, en la que puedan florecer la dignidad humana, la libertad, la solidaridad, la subsidiariedad y el cuidado de la creación.

El Santo Padre no se opone al avance tecnológico, pero pide mayor discernimiento, claridad y responsabilidad en la forma en que se configuran y aplican la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías que deben basarse en la verdad, el bien común y la dignidad de la persona, con especial atención a 3 ámbitos: el de la comunicación, el de la educación y el del trabajo. Ya hablaremos más delante de todo esto.

Bien, no cabe duda de que, con su estilo discreto y sereno, «desarmado» y «desarmante», pero a la vez firme y valiente, su aguda inteligencia, su capacidad para observar y escuchar con atención y, por supuesto, su intensa vida interior y entrega, León XIV sigue sorprendiéndonos. ¡¡Nos ha dado tanto en tan poco tiempo!!

Hace unas semanas tuve la maravillosa oportunidad de verlo, escucharlo y saludarlo. Con su dulce sonrisa y su atenta mirada me transmitió una gran paz; esa paz de la que tanto habla y que con seguridad nace de Dios que vive en su corazón. Le dije que había más de 8 millones de mujeres de la UMOFC rezando por él. ¡¡¡Cuento con todas ustedes para ello!!! Seguiremos hablando.

Mónica Santamarina – Presidenta General de la UMOFC

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