Formarnos para servir mejor a la Iglesia

Feb 13, 2026 | UMOFC

María Lía, usted ha tenido una re­lación cercana con el Papa Francis­co y ahora con el Papa León. ¿Qué continuidad o novedades percibe entre ambos pontificados?

Diría tres palabras: continuidad, originalidad y transformación. Hay continuidad porque el Papa León ha asumido todo lo que empezó el Papa Francisco. Originalidad, porque tiene una personalidad e historia distintas, y vive el pontificado de un modo di­ferente. Francisco fue un Papa profé­tico, radical, que nos sorprendía cada día. León, en cambio, es un pontífice que el Espíritu Santo nos envía para con­solidar y conciliar. Su paz interior genera paz en los demás. Desde el primer momento, cuando habló de una “paz desarmada y desarmante”, supe que esa frase era un reflejo de sí mismo.

El Papa Francisco impulsó con la Constitución Apostólica Praedica­te Evangelium una mayor partici­pación de laicos y, por lo tanto, de mujeres, en puestos de responsabi­lidad en la Santa Sede. ¿Qué lectu­ra hace de ello y qué pasos cree que puede seguir el Papa León?

Praedicate Evangelium supuso un gran cambio. La Curia, que antes fun­cionaba como un ente entre el Papa y los obispos, ahora está al servicio de ambos. Es una estructura puesta debajo, como Cristo al lavar los pies a sus apóstoles. Esto abre las puer­tas a que laicos, mujeres o varones, religiosas o no, puedan ofrecer su servicio si cuentan con la formación necesaria. El Papa Francisco ya dio pasos importantes en este sentido, y el Papa León continuará esa línea. Queda mucho por hacer, pero las mujeres debemos formarnos para servir mejor a la Iglesia.

Para mí, Pilar Bellosillo siempre fue una figura luminosa. Como presiden­ta de la UMOFC, solía recordar que, aunque el magisterio de la Iglesia so­bre la mujer es excelente, aún existe una gran distancia entre la teoría y la práctica. Por eso dedicó tantos es­fuerzos a promover una mayor pre­sencia femenina eclesial.

El Papa León creo que continuará nombrando mujeres en lugares cla­ve de la Curia. Al mismo tiempo, él ha dejado claro que continuará la enseñanza de la Iglesia respecto al sacramento del orden: durante su pontificado no se prevé la ordena­ción de mujeres, ni al presbiterado ni al diaconado.

Sin embargo, permanece abier­to todo el campo de los ministerios -ordenados y no ordenados- donde las mujeres debidamente formadas podrán seguir asumiendo un papel cada vez más significativo.

Hace poco se celebraron los 60 años de Nostra Aetate so­bre la libertad religiosa, una de las resoluciones actua­les de la UMOFC. ¿Cómo podemos contribuir a pro­moverla?

El Papa León dijo recien­temente que la libertad religiosa “no es op­cional, sino la piedra fundamental de una sociedad justa”. Nos­tra Aetate marcó un cambio de 360 gra­dos: pasamos de ha­blar de “los pérfidos judíos” a reconocerlos como “herma­nos mayores”, y de llamar “herejes” a los otros cristianos a considerarlos hermanos.

Y no es solo una cuestión de nom­bre, sino que mujeres de la UMOFC hemos de sostener el derecho a la libertad religiosa en cada país, es­pecialmente donde hay persecución implícita o explícita.

Usted forma parte del Consejo Or­dinario del Sínodo. ¿Cómo puede la UMOFC contribuir en esta nueva fase de implementación sinodal?

Creo que la UMOFC está particular­mente preparada. Ya ha iniciado una Escuela de Sinodalidad y, a través del Observatorio Mundial de las Mu­jeres, conoce los frutos de trabajar de manera sinodal. Podemos ofre­cer formación a mujeres, sacerdotes y jóvenes para fomentar la escucha activa, el discernimiento y el caminar juntos. La sinodalidad no se impone de arriba hacia abajo; nace desde abajo, desde cada comunidad. Cada mujer, incluso en pequeñas tareas parroquiales, puede contribuir a ca­minar en forma sinodal, mediante conversaciones en el Espíritu. Me gusta compararlo con la miel: cuan­do se derrama, se expande y todo se impregna. Así debe extenderse la si­nodalidad en la Iglesia.

Por último, ¿cómo se enlazan las resoluciones de la UMOFC sobre ecología integral y familia con las prioridades del Papa León?

Recuerdo una imagen poderosa. Du­rante la conmemoración de los diez años de Laudato Si’, el Papa León bendijo un trozo de hielo traído del Polo Norte. Puso sus manos sobre él y dijo: “No puedo amar a Dios, a quien no veo, si no amo la creación, donde Dios se manifiesta”. Ese gesto resu­me su visión: el cuidado de la casa común es parte del ADN cristiano. Si las mujeres de la UMOFC cuidamos nuestro hogar y nuestras familias, también podremos cuidar el planeta. Y lo haremos viviendo la sinodalidad en familia: con diálogo, silencio, es­cucha y discernimiento común. Solo así podremos alcanzar los siete ob­jetivos de la Plataforma Laudato Si’ y contribuir, en comunión, al bien de toda la creación.


María Lía Zervino, Servidora

María Lía Zervino inició su camino con la UMOFC en Roma hace doce años, cuando fue convocada durante la presidencia de Maria Giovanna Ruggieri para asumir el cargo de Secretaria General. Llega­ba con experiencia editorial como responsable de La Voz de las Mujeres, misión que asumía desde la Asociación Argentina de Cultura, a la que pertenece como Virgen Consagrada del Ordo Virginum Servi­doras. En la Asamblea General de Senegal, fue elegida presidenta. Afirma que la UMOFC ha sido para ella una verdadera escuela de vida: la fe, el coraje, la diversidad cultural y el profundo amor a la Iglesia de sus mujeres. Su trayectoria dio un giro inesperado cuando el Papa Francisco la nombró miembro del Dicasterio para los Obispos y del Consejo Ordinario del Sínodo, donde ha trabajado estrechamente con el cardenal Robert Francis Prevost, ahora León XIV.

Oficina de comunicación de la UMOFC

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