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Arte y Meditacion - Enero 2020

Madonna Sistina

Raffaello Sanzio, conocido como Rafael (Urbino, 1483 – Roma, 1520), Madonna Sixtina, 1513-14, óleo sobre lienzo, 265 cm x 196 cm, Dresde, Gemäldegalerie Alte Meister

1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

El próximo 6 de abril habrán pasado exactamente 500 años desde la muerte de Rafael, ciertamente uno de los genios absolutos del Renacimiento italiano. Una selección de sus obras nos acompañará durante este año, con la certeza de que las cumbres de belleza alcanzadas por el pintor de Urbino ayudarán nuestras reflexiones.

Pensando en el primer día del año, dedicado a Santa María Madre de Dios, inmediatamente me vino a la mente esta Virgen con el Niño, llamada "Sixtina" porque originalmente se encontraba en la iglesia de San Sixto en Piacenza. Estuvo probablemente encargada por el Papa Julio II para honrar a su tío que había sido Papa bajo el nombre de Sixto IV de 1471 a 1484. No es casualidad que los dos santos que podemos ver a los lados de la Virgen son San Sixto II, Papa mártir del siglo III, y Santa Bárbara, detrás de la cual podemos vislumbrar la torre donde fue encerrada por su padre.

La fama de este cuadro fue enorme, tanto por la sencillez del tema como por algunos detalles que lo hacen único en el género de las representaciones de la Virgen. Su fama aumentó aún más cuando el 1 de marzo de 1754 la obra llegó a Dresde, Alemania, a la corte de Augusto III - príncipe elector de Sajonia y rey de Polonia - que la compró después de dos años de negociaciones y el pago de una suma exorbitante para la época (25.000 escudos romanos).

Fijemos ahora nuestra mirada en la obra. Lo primero que nos llama la atención es el juego de miradas: las de la Virgen y el Niño se dirigen a cada uno de nosotros, a quien observa el cuadro (se dice que Augusto III hizo colocar la obra en el salón del trono, moviendo el propio trono para poder tener el mejor ángulo de visión en todo momento); la mirada de San Sixto se dirige hacia María y Jesús, mientras que la de Santa Bárbara se dirige hacia abajo, quizás hacia los dos angelitos que, apoyados en la balaustrada en la que asoman, parecen un poco distraídos.

Un segundo elemento que nos llama la atención es la alfombra de nubes sobre la que se encuentran los personajes principales. Las nubes tienen suficiente consistencia para soportar su peso y al mismo tiempo muestran una ligereza verdaderamente única.

Un tercer elemento es la cortina verde que se abre en la parte superior del cuadro. Es una cortina muy normal: el palo parece ser irregular, los anillos de un material pobre. La cortina, además de enmarcar la escena, nos da también la sensación de estar ante una visión: María parece caminar hacia nosotros. Es una "epifanía", la manifestación de su maternidad y sobre todo del Niño Jesús que ella trae y muestra al mundo. Incluso el velo y la túnica de la Virgen, movidos por un viento que viene de la izquierda, parecen dar testimonio de la excepcionalidad de la visión.

Un último elemento a tener en cuenta son los dos angelitos de la parte inferior del cuadro. Son muy famosos, a menudo reproducidos incluso solos, casi como si Rafael, al incluirlos, quisiera jugar o divertirse. Sin embargo, para un cuadro tan importante - ¡fue encargado por un Papa! - es impensable que un detalle tan único y raro no tenga ningún significado. En primer lugar, podemos observar que no son los únicos ángeles: hay muchos más en el cielo claro detrás de María ("¡Alabadle, ángeles suyos todos, todas sus huestes, alabadle!" - Salmo 148, 2). Pero sólo los dos ángeles que estamos viendo están coloreados, aunque no parecen participar en la escena. Su reflexión parece invitarnos, a los que contemplamos el gran lienzo, a darnos cuenta de que, ante el acontecimiento de la encarnación de Cristo, el solo pensar presenta siempre márgenes de duda y perplejidad. Sólo la fe nos permite "ver" la salvación que trajo el nacimiento de Jesús de María, la Virgen Madre de Dios.

 

Dios todopoderoso, por la maternidad virginal de la Virgen María

ofreciste a la humanidad los tesoros de la salvación eterna;

concédenos sentir que Ella que nos ha permitido acoger al Autor de la vida

intercede por nosotros

¡Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor!

 

La Voz de las Mujeres

Marzo 2020 ESP

Voz de nuestras organizaciones que dan testimonio del trabajo llevado a cabo por los miembros de la UMOFC en el tema: "Eduquemos para responder al llamado a la santidad".

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