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Arte y Meditación - Febrero 2020

Madonna della seggiola

Raffaello Sanzio, conocido como Rafael (Urbino 1483 – Roma 1520), Virgen de la silla, 1513-14, óleo sobre tabla, 71 cm x 71 cm, Florencia, Galería Palatina

El tamaño de la tabla nos hace pensar en una pintura creada para la devoción privada. El tipo de silla sobre la que la Virgen está representada (una "silla de cámara", que en el Renacimiento estaba muy difundida en la corte papal) y el hecho de que el cuadro apareciera en el Palacio de los Médici en Florencia unas décadas después de su ejecución nos llevan a suponer que fue encargado a Rafael por el Papa León X, de la familia Médici (era el segundo hijo de Lorenzo el Magnífico), para hacer un regalo quizás a su sobrino Lorenzo, señor de Florencia desde 1516.

Es cierto que los Medici amaban esta pintura, que siempre se quedó en sus colecciones y fue colocada en el dormitorio del Gran Duque durante el siglo XVIII.

El cuadro está completamente ocupado por las tres figuras representadas en él, aunque en realidad son María y el pequeño Jesús los protagonistas de la tabla, porque San Juan Bautista está a un lado y los mira fijamente en oración.

María está sosteniendo a su hijo en sus brazos. No está sentada en un trono sino en una silla que se usaba en ambientes nobles y exclusivos. Sin embargo, si observamos cuidadosamente su posición, notamos que su pierna izquierda está ligeramente levantada, casi como si fuera un respaldo para Jesús, que en cambio está cómodamente sentado sobre su pierna derecha. Es probable que lo esté meciendo, como parece sugerir el ritmo circular creado por la cabeza ligeramente inclinada y la espalda ligeramente arqueada del niño.

La dulzura de la mirada de la Madre también captura nuestra atención porque está dirigida a cada uno de los que miramos el cuadro. Se nos muestra en un momento de gran intimidad y ternura familiar, como lo demuestra la cabeza reclinada hasta tocar la cabeza del niño. Se nos muestra en una actitud casi protectora hacia el hijo, como es evidente por sus brazos maternos que envuelven con amor el cuerpo de Jesús.

Si bien la actitud y la pose parecen sugerir un ambiente popular y sencillo, hay otros detalles que nos llevan a pensar que estamos delante de personajes de alguna manera especiales. Basta con mirar los flecos dorados del respaldo de la silla, o la hermosa tela con la que está hecho el chal de la Virgen, o el puño bordado de su manga.

Después de todo, a nosotros que admiramos esta hermosa pintura se nos pide que tengamos la misma actitud que el pequeño Juan Bautista: está al margen, pero muy cerca de Jesús, está en actitud de oración y parece extasiado mirando, como nosotros, al pequeño Niño y a María su madre.

 

Madre de dulzura y de ternura, confiado como un niño

te contemplo con los ojos de mi cuerpo, con los ojos de mi fe,

porque son los que me permiten llegar a ti.

 

Madre de dulzura y de ternura, llevas a tu Hijo con amor:

así que llévame a mí también, porque soy uno de tus hijos;

Madre de dulzura y de ternura, le muestras el mundo a tu hijo:

también me pides que se lo muestre a los demás.

 

Madre de dulzura y de ternura, quiero alcanzar con mi oración

todos aquellos que se toman el tiempo para contemplarte.

Oh tierna madre, tu protección maternal nos invade,

tus tiernos gestos nos ayudan a mostrar ternura

a todos los que encontramos en nuestro camino.

 

¡Amén!

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