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Jubileo de la Misericordia para América Latina - CAL y CELAM

OK America Latina

Desde el 27 al 30 de agosto de 2016, 15 cardenales, 120 obispos, rectores de órdenes religiosas y santuarios marianos, y líderes laicos de asociaciones Católicas de todas las Américas se juntaron en Bogotá, Colombia, para la Celebración del Jubileo Extraordinario del Año de la Misericordia en el Continente Americano –y nuestra WUCWO estuvo allí.  Como Vice Presidente General, estuve encantada cuando me pidieron que representara a la WUCWO y es un privilegio para mí compartir con ustedes el programa y el espíritu de esta maravillosa reunión.

Organizada por la Pontificia Comisión para Latinoamérica y por la Conferencia Episcopal para Latinoamérica (CELAM), hubo participantes de Canadá, Estad la provisión de Unidos, el Caribe, Centro América y de todos los países de Sudamérica. Las barreras lingüísticas se solucionaron con dispositivos para la traducción, y la provisión de páginas escritas con las principales charlas y homilías en inglés y español. La alegría de la celebración y la calidez de los asistentes no se necesitó traducción, ya que cada uno de los que me puse en contacto irradiaba el mismo sentimiento de amistad mientras nos uníamos en nuestro abrazo al mensaje de misericordia que está en el corazón del papado del Papa Francisco. Fue una oportunidad para presentar la WUCWO a todas las Américas, y pude hablar con muchos sobre nuestra organización y entregar nuestra brochure en español e inglés a muchos de los presentes.

Cada día empezaba con Laudes antes del desayuno.  Luego nos juntábamos en el espacio destinado a la reunión y empezamos el primer día con la hermosa oración del Papa Francisco para el Año de la Misericordia. El poder de esta oración en conjunto era palpable y movilizador. Nos dieron la bienvenida el Cardenal Rubén Salazar Gomez, Arzobispo de Bogotá y Presidente del CELAM, el Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para Latinoamérica, y el Arzobispo Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico en Colombia.  Toda la mañana había habido presencia de policía, ejército y agentes de seguridad en ropa de civil tanto allí como en el hotel, y no se podía evitar preguntarse si esto era normal o no.  Felizmente no era así, porque se debía a que luego seríamos honrados con el recibimiento del Presidente de Colombia quien compartió con nosotros que toda esa misericordia y ese perdón eran cualidades que su país debe ahora demostrar visiblemente luego de la firma de un tratado con las fuerzas rebeldes que han estado luchando allí por 50 años. Trajo a colación la dimensión de la necesidad de misericordia política, un aspecto de la misericordia que tal vez no se les había ocurrido a los asistentes de otros países. Su aparición fue seguida por un video mensaje del Papa Francisco a los asistentes.  Este video de 32 minutos, por lejos el más largo que hasta ahora haya presentado, fue muy movilizador y espero que impactará a muchos más que los asistentes a la celebración.  Uso esta palabra antes que la de conferencia ya que la intención era la de hacer de esta reunión exactamente eso: una celebración de la alegría que la misericordia y el perdón nos traen en cuanto personas, parroquianos, líderes, y ciudadanos del mundo. Citó la parábola del Hijo Pródigo, tema recurrente durante toda la reunión, y dijo que la misericordia es el corazón del trabajo pastoral y debe estar infundida en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia. Presentó un desafío: dar valor a caminos de esperanza y hacer que brille la misericordia. Necesitamos pedir a Dios que nos salve una vez más y nos ayude a avanzar con convicción y alegría en el Evangelio de la Misericordia, los corazones latiendo y las manos listas.

Cada día oíamos una presentación formal y luego se entablaban grupos de discusión donde podíamos explorar la dimensión del tópico presentado. El primer día, el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Pontificio Concejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, nos habló sobre cómo el tiempo presente es un tiempo necesario y grande para la misericordia. Las preguntas que generaron la discusión se centraron en: 1. El examen de las diferentes causas de pobreza en América Latina y su relación con conceptos sociales, discutiendo la necesidad de una liberación social y espiritual; 2. La dificultad de incorporar los ideales del Año de la Misericordia, particularmente el elemento esencial del perdón en individuos, parroquias, diócesis y sociedad en general; y 3. Cómo lograr la conexión entre misericordia y justicia, particularmente en las políticas de países que sufren dolorosos recuerdos como la rebelión en Colombia.  Cuando nos volvimos a encontrar, escuchamos los resultados de varios grupos. Por la tarde, fuimos en procesión a la Basílica Menor de Lourdes adonde atravesamos la Puerta Santa, asistimos a un servicio penitencial con la oportunidad para confesiones individuales, y luego la Santa Misa. Fue una extraordinaria y hondamente conmovedora oportunidad para atestiguar a nuestros obispos como penitentes y como confesores, enfatizando la necesidad de humildad y perdón si es que vamos en pos de la misericordia en nuestras vidas, nuestra Iglesia y nuestro mundo.

Al día siguiente, el arzobispo Kurtz, Presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de Obispos Católicos, presidió nuestra misa de apertura, la que fue concelebrada por los Cardenales Gerald Lacroix y Sean Patrick O’Malley.  El Cardenal Ouellet habló luego sobre la Iglesia como sacramento de Misericordia en las Américas. Los grupos de trabajo discutieron luego sobre cómo percibimos la Misericordia en la misión de la Iglesia. Por la tarde, el rector de la basilica/santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de Méjico habló sobre la Santidad de América en tiempos del Papa Francisco haciendo referencias frecuentes de Nuestra Señora de Guadalupe y su título de Patrona de las Américas.  Luego oímos la discusión de dos paneles sobre santos mártires, santos misioneros, santos místicos, santos sacerdotes, santos de los pobres y santos de la educación. Las presentaciones demostraron la Misericordia reflejada en sus trabajos. Fuera del auditorio había posters referidos a los personajes que fueron discutidos lo que ofreció una oportunidad de aprender aún más sobre esos hombres y mujeres santos de América.

La apertura del tercer día fue con la misa celebrada por el Arzobispo de Brasil. Luego nos separamos en grupos y fuimos transportados en ómnibus, cada uno a distintos trabajos de Misericordia en Bogotá. El mío visitó un refugio para gente en situación de calle dirigido por la Hermanas de la Caridad. Fui sobrellevada por la emoción cuando entramos al patio y la comunidad de gente sin hogar se apresuró a abrazarnos y nos regaló con una canción de bienvenida. Los que iban por un camino tan difícil en la vida estaban ansiosos de mostrarnos una performance que mostraba al Buen Samaritano ayudando a un hombre sin hogar e incorporaron a dos de los obispos que nos acompañaban como el sacerdote y el levita que ignoraron al hombre en el camino. El mensaje era claro: que todos estamos llamados a ser Buen Samaritano, sin importar la condición o el status del otro. Somos llamados a mostrar la Misericordia de Cristo en nuestras acciones y nuestro amor por los otros. Fue una hermosa visita llena de alegría y fuerte emoción y fue difícil decir adiós a esos hermanos y hermanas nuestras.  Otros grupos visitaron escuelas para los pobres, clínicas médicas, hogares para indígenas de la region que todavía sufren mucho social y económicamente, y muchos otros ejemplos de misericordia y amor por aquellos que necesitan ayuda. Por la tarde compartimos historias de nuestras visitas de la mañanay leugo oímos de una panel de 6 agencias que ayudan a difundir la Misericordia de Dios a través de su trabajo a través de las Américas. Tres obispos hablaron entonces de otros lugares de misericordia en sus diócesis de Chile, Méjico y Canadá. Esa tarde nos reunimos en un a muy bella Hora Santa de Misericordia.

El último día de la Conferencia, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y el Arzobispo de Los Ángeles (EEUU) nos hablaron sobre la misericordia como cultura de encuentro y perdón en el continente americano. Discutimos este tópico y luego fuimos en procesión a la Iglesia de la Porciúncula donde se celebró la magnífica misa de clausura y oímos comentarios de cierre de los Cardenales Marc Ouellet y Ruben Salazar Gomez.

Esta celebración/conferencia fue realmente un regalo para las américas, uniéndonos en la fe y en nuestro reconocimiento de la misericordia como el fundamento de nuestra salvación personal, de nuestras familias, nuestras parroquias, nuestras diócesis, nuestra Iglesia Universal, y nuestra sociedad. Quiera Nuestra Señora de Guadalupe interceder por nosotros para que recibamos la gracia de vivir el mensaje que oímos y compartirlo con el mundo.

 

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